Más allá del frío: la revolución silenciosa en la postcosecha de carozos

Paclife evalúa tecnologías postcosecha en China para potenciar la exportación de carozos chilenos.
Por Marcela Silva, jefe Post Cosecha Paclife
El desafío de mantener la calidad de frutas tan sensibles como los carozos no es nuevo, pero los aprendizajes obtenidos en terreno, en pleno corazón del mercado asiático, permiten confirmar una verdad ineludible: no existe una única receta para la postcosecha. La experiencia reciente de Paclife en la gira técnico-comercial a China, marzo 2025, ha evidenciado que la combinación inteligente de tecnologías es el camino más efectivo para enfrentar las exigencias de un mercado dinámico y altamente competitivo.
Ciruelas, nectarines y duraznos no pueden ni deben ser tratados bajo un mismo estándar. Cada variedad —con su propia fisiología y comportamiento postcosecha— exige decisiones técnicas específicas. Y aunque esta afirmación podría parecer obvia, la práctica demuestra que aún existen manejos genéricos que comprometen la calidad del producto. Desde Paclife hemos estudiado tasas de respiración y parámetros de madurez en diversas variedades de carozos, lo que ha arrojado evidencia empírica clara: el manejo diferenciado no solo es recomendable, es indispensable.
En mercados como el de Jiangnan en Guangzhou, donde la velocidad de ventas y la competencia de fruta importada de Australia o Nueva Zelanda marcan la pauta, no hay espacio para errores. La fruta chilena debe competir no solo en sabor o firmeza, sino también en condición y presentación tras largas semanas de tránsito. En ese sentido, la experiencia en terreno permitió identificar diferencias notables en calidad, directamente asociadas a los manejos postcosecha aplicados.
En el caso de las ciruelas D’Agen, altamente sensibles, las etiquetas que evidenciaron mejor firmeza, menor pardeamiento y un sabor más equilibrado coincidieron con el uso de atmósferas modificadas o controladas con bajo oxígeno (O₂) y alto dióxido de carbono (CO₂). Esta combinación demostró ser particularmente beneficiosa para esta variedad. En contraste, aquellas que utilizaron envases de alta humedad o simplemente una baja atmósfera sin considerar el tipo de fruta, presentaron deshidratación, pérdida de firmeza y un mayor nivel de pardeamiento, factores que inciden directamente en el precio de venta y la rotación del producto. En tanto variedades como la ciruela Red Phoenix, de mayor resistencia, mostraron buen desempeño con envases microperforados o de alta humedad, combinados con baja atmósfera. Esta estrategia permitió que la fruta llegará con una madurez de consumo más atractiva, mejorando la experiencia del consumidor final.
Los nectarines, por su parte, ocuparon un segundo lugar en volumen, pero con una particularidad que preocupa: firmeza excesiva y baja jugosidad. A nivel industrial, se observó una tendencia hacia sabores ácidos y poco desarrollados, lo que apunta a una necesidad urgente de revisar tanto la madurez de cosecha como las tecnologías aplicadas. El uso de atmósferas con alta concentración de CO₂, lejos de beneficiar, ha generado pardeamiento visible en el fruto, afectando la percepción de calidad. A esto se suma el impacto de las temperaturas de guarda: valores fuera del rango ideal son también responsables directos de los desórdenes observados en destino.
Todo lo anterior confirma que no basta con aplicar tecnología. Se requiere aplicar la correcta, en el momento oportuno y ajustada a la variedad. Esa es la diferencia entre una fruta que se vende al llegar y una que queda rezagada en las estanterías.
Desde Paclife reafirmamos el compromiso de seguir investigando, probando y ajustando las estrategias postcosecha. La combinación adecuada de tecnologías —atmósferas controladas, selección de envases, control térmico y conocimiento de la fisiología varietal— no solo alarga la vida útil de la fruta, sino que también permite llegar a los mercados con una propuesta de valor sólida, competitiva y sustentada técnicamente.
La ruta hacia una exportación exitosa no se limita a la calidad en campo. Se construye en cada decisión técnica postcosecha, en cada envase elegido, en cada ajuste de atmósfera y temperatura. Esa es la revolución silenciosa que hoy se vive en el mundo de los carozos.